jueves, 16 de marzo de 2017

400 Películas - XV Años de Cineclub


Se cumplen XV años de la fundación del cineclub



   Que la de del 2002 fué una buena añada no lo digo porque fuera capicúa: en un lugar llamado La Vera, “un puñado de ilusos” devotos del cine-arte se ponían las plumas de indio y decidían montar un corral, al que denominaron cineclub, con el que satisfacer su pasión y hambre de cine y poder enseñar en nuestro pequeño mundo películas raras.
   Un agudo sinsentido de la oportunidad les hizo escoger un viernes 13 para rubricar su constitución, aciaga fecha en la tradición, que no podía sino poner de relieve el arrojo con el que se enfrentaban a lo que vendría: un primitivo cine digital acechando, la aparición de nuevas formas y consumos del ocio y la desaparición de las salas de exhibición. Una revolución, en definitiva, sobre el concepto de cine tal y como lo conocíamos en su hasta entonces soberano reinado desde aquella primera proyección de los Lumière a finales del siglo XIX. 
   Por si todo eso fuera poco, el corral nacía “en un país difícil donde el cine no es una asignatura como en Francia, y en el que para algunos ni siquiera es cultura” (Días de gallinero, por Jaht). Y nadie sospechaba aún nada sobre la oscura resonancia que tendrían términos como crisis, SGAE o 21%.

   Y aunque pasó lo que nos pasó, y algunos cayeron por el camino “víctimas del aburrimiento o de Carlos Reygadas”,  al final sobrevivieron y hoy deben contar con tres manos los años que hace de su singladura. Quince años que han dado 400 películas, tantas como golpes recibía Antoine Doinel en aquel primer manifiesto de libertad que filmó Truffaut en el 59, y que reinventó el cine añadiendo al concepto la palabra «autor». Cuatrocientos golpes que nos han hecho reír, llorar, encabronarnos, viajar, sufrir, pensar, evadirnos... y cualquier otro verbo o emoción humana que queráis añadir. Y con cada una de ellas hemos aprendido algo, porque esa es la grandeza del cine.
   Sirva el impagable legado de películas de aquella nouvelle vague de espectadores-directores cinéfilos, gestada en gran medida en el caldo de cultivo que supuso el resurgir de los cineclubes, como buen argumento para explicar el valor de su empresa: llevan 15 años «contribuyendo a incrementar, diversificar y dinamizar la oferta cultural a través del séptimo arte, ofreciendo la posibilidad de ver buen cine» (Geribel), aprendiendo y divulgando con vocación pedagógica, y quién sabe si ayudando a despertar el talento de los autores del mañana.

“Dicen que el cine es caro, pero también es magia y la gente se resiste a perderla.”
   Ni siquiera la democratización de recursos que ha supuesto la revolución digital ha conseguido resolver la eterna batalla del arte con el dinero. «El hecho de que una asociación cultural haya permanecido viva y activa durante quince años consiguiendo programar cuatro centenares de películas supone un motivo de celebración», pero no significa que mañana no se cierre el chiringuito. Las políticas de protección empiezan en casa, y a mi entender deben proteger la experiencia única e insustituible del cine en la sala, como ritual social, como ceremonia colectiva del ocio, como templo de descubrimientos y conocimiento.

   Si bien es cierto que en los últimos años estamos asistiendo al cierre masivo de cientos de salas (medio centenar sólo en Madrid), ha ido surgiendo también como consecuencia un nuevo movimiento de respuesta: los espectadores se movilizan y rescatan los cines de sus barrios.
“Ahí están CineCiutat de Mallorca, una asociación de vecinos que se hizo con el control de los cines Renoir en Palma, el Artistic Metropol en Madrid o la aparición de Zumzeig Cine en Barcelona y los Cines Pathe en Sevilla, luchando todos contra los gigantes de la exhibición cinematográfica con actividades paralelas. Y la gente que ha rescatado con su asociación los cines Zoco de Majadahonda (antiguos Renoir) y le ha tirado los trastos al Morasol, cerrado desde hace dos años en Chamartín. 
Este tipo de cosas ocurren gracias a la lucidez de ciertos lunáticos, como los de Numax Sociedade Cooperativa Galega, que propiciaron con su proyecto que hace un mes apareciera sin previo aviso el director Aki Kaurismaki en uno de sus pases.

Buenas noticias para la magia.
Buenas noticias para Jaraíz, que cuenta con un cine activo en el que se proyectan películas de estreno de todo pelaje, condición y precio, que contó con la pericia y dedicación de miembros del cineclub para proyectar películas en una vieja máquina de 35mm, y que por si fuera poco lo hace ahora en formato digital gracias a la gestión del cineclub. He aquí los logros de un pequeño pueblo del norte de Cáceres que compite y se codea culturalmente con capitales y recursos como los de Plasencia, Mérida, Madrid o Barcelona. Dejar que esto se pierda sería cuando menos una muestra de ceguera política.

   Decía al principio que la del 2002 fué una buena añada, y lo digo porque dos grandes proyectos alzaban el vuelo: el festival de cortometrajes Notodofilmfest, que celebra su XVª edición, y el Cineclub El Gallinero. El tiempo está ubicando al primero como incontestable cantera de cineastas y al segundo como un organismo cultural con identidad propia. 
Felicidades a ambos por estos XV años de vicisitudes, alegrías y placeres inconfesables.
Gracias a todos los que estáis y especialmente a los que ya no están: que su aplauso resuene para siempre en la sala.
Y larga vida al cine, porque el cine es vida. 
Llon


El próximo jueves 23 de marzo, a partir de las 20:00 h., el cineclub El Gallinero ha preparado un acto festivo en el ambigú del Teatro Cine Avenida de Jaraíz en el que se recibirá a los asistentes con un aperitivo, habrá una exposición de carteles como muestra de su trayectoria y posteriormente se proyectará la película Comanchería, de David Mackenzie, a la hora y condiciones habituales.

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