jueves, 24 de mayo de 2007

Película 115 # Año 4


El jefe de todo esto
Jueves 24 y Viernes 25 de Mayo/2007
Sala Avenida/Jaraíz
21:30 Horas




DIRECTOR

Lars von Trier

GUIÓN: Lars von Trier

MÚSICA: No tiene

FOTOGRAFÍA: Lars von Trier

REPARTO:  Jens Albinus, Peter Gantzler, Louise Mieritz, Iben Hjejle, Mia Lyhne, Henrik Prip, Casper Christensen 

GÉNERO: Comedia

DURACIÓN: 100 Min.

PAÍS: Dinamarca 





SINOPSIS

Un hombre desea vender su empresa. El problema es que, cuando la fundó, se inventó un presidente ficticio, tras el cual poder ocultarse cuando tuviera que tomar medidas impopulares. Cuando los posibles compradores insisten en negociar cara a cara con el presidente, el propietario se ve obligado a contratar a un actor fracasado para que interprete ese papel. De repente, el actor se da cuenta de que no es más que un títere envuelto en una trama que quizá ponga a prueba su catadura moral.


¿Quién es quién?

Lars von Trier nació en Copenhague (Dinamarca) el 30 de abril de 1956.

Su primera película como graduado de la escuela de cine fue Forbrydelsens Element (El elemento del crimen). A pesar de alcanzar un mayor reconocimiento con películas como Europa, von Trier se consagró como uno de los directores de cine más importantes de Europa en 1996 con Rompiendo las olas.

Esta última producción, junto con Bailando en la oscuridad (donde actúan la cantante islandesa Björk, la actriz francesa Catherine Deneuve y el sueco Peter Stormare) y Los idiotas , forma la trilogía Los corazones de oro. Von Trier ha venido preparando una nueva trilogía en torno a los Estados Unidos, cuya primera entrega fue Dogville de 2003, donde actúa la actriz australiana Nicole Kidman. La segunda parte, titulada Manderlay (película 97 de nuestro Cineclub), se estrenó en 2005. La tercera aún no se ha estrenado, y el título será Washington.

Lars von Trier también se dedica a la pintura, y uno de sus cuadros se exhibe en la última planta del castillo de Hillerod, en Dinamarca. Refleja un universo casi monocromático y angustiante, como en sus películas.


Y me parece a mi


¡Lo que da de sí el danés!
 
El jefe de todo esto es claramente Lars von Trier (el von es un añadido que se puso para reírse de un profesor de la escuela de cine de Copenhague). Él es quien consigue que se hable más de su persona que de su obra, antes y después, de cada una de sus películas, que en general tienen una cualificación difícil de superar (Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad, Dogville, Manderlay...); y aunque, bajo mi punto de vista, esto contribuye a difuminar, e incluso emborronar, sus más que interesantes trabajos, no restan un ápice de valor a la mayoría de sus entregas.

No entiendo porqué muchos aficionados caen en la provocación de alguien que la utiliza como herramienta y leivmotiv de su existencia, aún a sabiendas de que no cree en lo que está diciendo, ya que para expresarse tiene la prolongación cinematográfica, que es su verdadera vida. Quiero decir que este tío no solo disfruta con los cabreos ajenos, también le sirven de espuela para reafirmarse. Es como el jugador de fútbol que se crece con los pitos y llama "negro de mierda" al contrario, para que el árbitro le expulse por reaccionar con violencia, cuando todos sabemos que está casado con una hermosa senegalesa y tiene dos hijos mulatos.

Esta supuesta comedia, que para nada lo es, a menos que introduzcamos la sátira visceral en este género, es un repaso en toda regla a muchos de los aspectos que conforman nuestra "envidiable", "inteligente", "culta" y "referencial" sociedad moderna. Es un ajetreado paseo por la intríseca ridiculez del mercado laboral: los intocables jefes, los invisibles responsables, las fraudulentas ingenierías contables, los laberínticos tecnicismos, la exagerada adoración a los empresarios emprendedores que basan su éxito en la creación de nuevos esclavos y desempleados (¿qué son si no las empresas colaborativas?)...

Eso sí, todo esto contado a la manera de un hombre que considera que lo políticamente correcto debería arder en la pira o estar públicamente expuesto en la picota; convencido de que no tenemos solución y solo nos queda reírnos de nuestras enfermizas y falsas creencias.
Si a todo este desaguisado estructural de incierto futuro, le añadimos técnicas de rodaje extrañas, máquinas que deciden, chistes de leperos nórdicos y otros experimentos con vocación regionalista..., habremos completado una sustancial pieza "Larsvontrierana" que unos aplaudirán enfervorecidamente y otros utilizarán para fabricar armas químicas.
Jaht