El Arco
[The Bow (Hwal)]
Jueves 1/Viernes 2-Febrero 2007
Sala Avenida-Jaraíz
21:00 Horas
SINOPSIS
Un viejo pescador vive en medio del mar con una muchacha a la que recogió cuando era niña. El viejo pescador espera que ella cumpla 17 años para desposarla. Mientras tanto, prepara la dote, la protege contra los hombres que vienen a pescar a su barco e intentan propasarse con ella. Su única forma de protegerla es disparando con el arco, un arco que también le sirve para adivinar el futuro y como instrumento musical. Un buen día, un grupo de pescadores desconocidos sube al barco, entre los que se encuentra un joven universitario. El chico y la muchacha se enamoran. El viejo pescador sabe que su sueño ha llegado a su fin...
¿Quién es quién?
Segunda entrega para el Cineclub del singular director coreano Kim Ki-duk (Bonghwa-1960- Gyeongsang del Norte-Corea del Sur)

Con este curriculum tan particular decidió dedicarse al cine y contar historias a su manera, libre de las contaminaciones academicistas. Esta independencia le granjeó tantas simpatías como rechazos; pero lo cierto es que el creador de: La isla (2000), Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (2003), Samaritan girl y Hierro 3 (ambas en el 2004)... sigue siendo un referente para quienes consideran que la imaginación y la poesía deben ser motores fundamentales para la concepción cinematográfica.
Tal como éramos
Cuando decidimos programar El Arco, estos fueron los títulos que la acompañaron en aquel invierno, que buscaba la primavera del 2007. El paquete iba desde la proyección 96 a la 103.
Aunque es cierto que Kim Ki-duk presentó El Arco en el 2005, sus propuestas tardaban en aparecer en España, y además nunca pudimos ni quisimos competir en los rabiosos estrenos.
Y me parece a mi
Esas capciosas preguntas que nos hacemos sobre la moral del viejo protagonista y los intereses varios del resto, creo que están fuera de lugar. Es tanto como mirar al dedo que señala el sol. Precisamente la licencia poética, que ensancha el aura de las grandes obras artísticas (literarias, pictóricas...), irrumpe en nuevas dimensiones donde las leyes aún no están escritas. No se puede condenar con nuestras discutibles normas terrenales a personajes de ficción que se esconden, a conciencia o involuntariamente, más allá de unas sociedades que no predican precisamente con la ejemplaridad. La corrección política no creo que nos haga avanzar, más bien nos inmovilizará.
De todas formas son ganas de complicarse la vida, indagando en las posibles malvadas intencionalidades del autor, cuando lo que se nos ofrece es una curiosa historia en la que abundan espléndidos momentos de paz, libertad y sosiego, donde lo único que perturba es la aparición de seres humanos dispuestos a romper el silencio. La contemplación, en su vertiente espiritual, solo nos pide relajarnos y disfrutar, sin acusaciones, sin culpas, sin valoraciones severas...
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