jueves, 19 de marzo de 2009

Película #172

Happy
Un cuento sobre la felicidad
26 y 27 de Marzo
Sala Avenida - Jaraíz
21:00 hrs

Director: Mike Leigh
Intérpretes: Sally Hawkins, Trevor Cooper, Nonso Anozie, Eliot Cowan, Sylvestra Le Touzel, Joseph Kloska, Eddie Marsan, Sarah Niles, Kate O'Flynn, Sinead Matthews, Samuel Roukin, Andrea Riseborough, Alexis Zegerman
Título en VO: Happy-Go-Lucky
País: Reino Unido
Año: 2008
Fecha de estreno: 10-10-2008
Duración: 118 min.
Color o en B/N: Color
Guión: Mike Leigh
Montaje: Jim ClarkFotografía: Dick PopeMúsica: Gary Yershon



Sinopsis argumental
Poppy (Sally Hawins) es una joven profesora de primaria divertida, abierta y generosa, una muchacha inmune a la amargura que viste como vive, en colorines. Es un espíritu libre que se toma la vida tal y como viene, pero siempre con actitud positiva. Cuando le roban la bici, decide que es el momento de sacarse el carnet de conducir. Su profesor de autoescuela es Scott (Eddie Marsan), un tipo huraño y amargado, torturado y 'torturante', enfermo de su propia bilis interior. A medida que se conozcan, Poppy acabará enseñando al instructor más de lo que él puede enseñarle a ella...


Alpiste
Leigh había dejado clara en entrevistas su intención documental con esta película, erigida con su peculiar estilo a la hora de trabajar con los actores (improvisación planificada y reconstrucción de cada personaje por separado).

“En mis películas no juzgo a nadie, sino que hago preguntas."
"Me gusta la idea de crear un mundo real, de verdad, que casi se puede tocar”.

"Happy-go-lucky" es un adjetivo que significa “despreocupada” o “alegremente irresponsable”. La expresión coloquial equivalente vendría a ser “viva la virgen” (fuente: Switch Off & Let's Go).


Y me parece a mi
Del director británico Mike Leigh -1943- (Secretos y Mentiras, Todo o Nada, El Secreto de Vera Drake), no habíamos puesto nada. Ya iba siendo hora, pues es un autor que encaja plenamente con nuestra filosofía. Aunque esta última película no sea tan representativa como otras de su estilo creativo.

Poppy es una chica, maestra de primaria, que revolotea por Londres inoculando dosis de entusiasmo y alegría, como si de un mosquito trompetero se tratara. Y como cualquiera de estos insectos pica incluso a los que no quieren ser picados.

La felicidad, ese calambrazo.

No es la mejor película de Mike Leigh. Tal vez toca un tema tan explosivo (la felicidad o su búsqueda) que en algunos momentos le hace perder el control, arrastrado por el histerismo militante y compulsivo de la protagonista. Esto, bajo mi punto de vista, hace que Mike Leigh tenga problemas para redondear la película. Aunque tal vez sea precisamente lo que el propio director busca: algo que haga rebosar y saltar por los aires su magnífico autocontrol habitual de diseccionador social.
El personaje de monitor de autoescuela es de los que no se olvidan: Mike Leigh hace aquí arte con el bisturí y no deja fibra sin tocar, ayudándose en una soberbia interpretación de Eddie Marsan (que así se llama nuestro pobre profesor).
No estoy de acuerdo, con los que ganan dinero por criticar, en lo que se refiere a las clases de flamenco: puede que sea un tópico para nosotros, pero lo cierto es que la mayoría de los ingleses es así como nos ven y como nos sienten. Nada que ver, como nos decían, con Amelie; aquella sucede en las nubes algodonosas y ésta en la sucia tierra.
Efectivamente, no hay recetas que nos ayuden, ni chamanes que nos conduzcan: la felicidad es eso que pasa de vez en cuando y tiene la duración y la intensidad de un calambrazo. Mejor, no obstante, encontrarse con gente positiva, siempre que no se empeñen en hacernos creer que poseen la fórmula de la pócima mágica.

Dulce y balsámica comedia para tiempos difíciles,
dedicada especialmente a los sufridores del Gallinero.
Jaht


CACAREOS

Cuando la tía Argimira, que regentaba el kiosco de la plazuela, comenzó a vender aquellas pastillas entre dulces y picantes, con una chispa de limón, a duro la unidad; alguien en el pueblo, dicen que fue Paco “Vinagre”, apostó que la buena mujer no vendería ni una docena, a pesar de su honradez y la mano santa que tenía para la confitería. Y es que el precio parecía ciertamente abusivo. Pero siete días después el propio Paco y otros vecinos cariacontecidos, esperaban impacientes y ordenados la llegada de la señora “Argi” al puesto. Y es que a lo largo de la semana se sucedieron acontecimientos que apuntaban a dichas pastillas como las autoras de los hechos: la Matilde se había levantado de la cama en la que llevaba postrada tres años, el equipo de fútbol ganó por primera vez al pueblo de al lado (24-2 fue el resultado), la mujer de Jeromo “Pichatoro” (noventa añitos) volvió a llenar las noches de Praderilla con relinchos lujuriosos, para asombro de los menores de treinta años que nunca se habían creído la historia; los niños ayudaron de buen grado a sus padres en las faenas del campo y levantaban fardos de tabaco y maquilas de pimiento como si estuvieran rellenos de humo...
La quiosquera negaba ser artífice de tamañas supercherías pero se vio obligada a aumentar su jornada laboral, al regresar a casa, porque la demanda de las pastillitas, que ella misma envolvía en papel de plata tintado en rojo, iba en aumento. La situación, no obstante, empezaba a incomodar a nuestra mujer, acostumbrada a una vida rutinaria y sin sobresaltos.
(Continuará)

Jaht


Picoteando en corral ajeno

3 comentarios:

  1. Juan Soriano19/3/09 16:28

    De esta película os puedo hablar porque yo ya la he visto: Tiene mucha luz, a pesar de estar rodada en Londres, es la luz y el color que irradia la protagonista. Aunque la han comparado mucho con Amelie, yo creo que esta es más creíble. Es cierto que la felicidad o la alegría están, a veces, muy próximas al histerismo. Ya me contaréis, pero a mí me quedó un regusto amargo, e incluso hizo que me cuestionara si la positividad vale para todos.Un saludo desde Soria. Sigo aquí

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  2. No es la mejor película de Mike Leigh. Tal vez toca un tema tan explosivo (la felicidad o su búsqueda)que en algunos momentos le hace perder el control, arrastrado por el histerismo militante y compulsivo de la protagonista. Esto, bajo mi punto de vista, hace que Mike Leigh tenga problemas para redondear la película. Aunque tal vez sea esto lo que el propio director busca: algo que haga rebosar y saltar por los aires su magnífico autocontrol habitual de diseccionador social.
    El personaje de monitor de autoescuela es de los que no se olvidan: Mike Leigh hace aquí arte con el bisturí y no deja fibra sin tocar, ayudándose en una soberbia interpretación de Eddie Marsan (que así se llama nuestro profesor).
    No estoy de acuerdo, con los que ganan dinero por criticar, en lo que se refiere a las clases de flamenco: puede que sea un tópico para nosotros, pero lo cierto es que la mayoría de los ingleses es así como nos ven y como nos sienten.Nada que ver, como nos decían, con Amelie; aquella sucede en las nubes algodonosas y ésta en la sucia tierra.
    Efectivamente, no hay recetas que nos ayuden, ni chamanes que nos conduzcan: la felicidad es eso que pasa de vez en cuando y tiene la duración y la intensidad de un calambrazo. Mejor, no obstante, encontrarse con gente positiva, siempre que no se empeñen en hacernos creer que poseen la fórmula de la pócima mágica.
    Dicho esto, afirmar, que la peor película de Mike Leigh supera a la mejor de Steven Spielberg.

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  3. El Jarandillano30/3/09 19:44

    Pues la muchacha esa de los dientes grandes resulta que se echa allí en la mesa donde el tío ese grandote, que resulta que era moro, la pega una buena soba y a ella, que estaba con medias y bragas y con los serones puestos, la gustaba porque se reía mucho cuando la apretujaba las chichas.

    Y con el tío que la enseñaba a conducir se pelea mucho porque así es la vida..y qué le vamos a hacer amiguete.

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