Ricky (Kris Hitchen) y su familia han estado peleando para salir adelante económicamente desde la crisis de 2008. Un día se presenta una nueva oportunidad cuando aparece una brillante furgoneta antigua, ofreciendo a la familia la posibilidad de crear su propio negocio. Sin embargo, la tarea no será fácil, especialmente debido al trabajo de su mujer (Debbie Honeywood) como cuidadora. Aunque los lazos de la familia son muy fuertes, pronto aparecerán las primeras fisuras...
¿Quién es quién?
Nada menos que Kenneth Loach (Nuneaton, 17 de junio de 1936), un referente para El Gallinero y el hombre que durante sesenta años, rematando con filigrana el British social realism (realismo social británico), elevó el cine social a la categoría de imprescindible y lo convirtió en monumento indestructible para conocimiento de las futuras generaciones. Hasta ahora la historia sabía mucho de cómo habían vivido los poderosos: catedrales, palacios, fortalezas... Imaginábamos cómo malvivirían los otros, quienes facilitaban a obispos, reyes y generales sus lujosas existencias. A partir de Loach, mal que les pese a muchos críticos (cítricos), que le consideran un invasor en el terreno de las fantasías cinematográficas, se dispondrá del material gráfico incuestionable que desmantela la teoría de que la libertad habita en el liberalismo económico, prolífico nido de injusticias. Perdurará más su obra, por solidez, que la de sus detractores, a sueldo de emporios comerciales que lo mismo venden cine que perfumes, cervezas o pasta de dientes.
Y no, ese mantra de que estás en contra de las nuevas tecnologías, si no estás rendido a ellas, tampoco va con nuestro apreciado amigo, al que deseamos cumpla en plenitud otros 83 años más.
En sus películas muchos creen ver algo así como un "grado cero de la escritura cinematográfica o escritura fría", es dueño de un estilo depurado y sintético y heredero inequívoco de las principales tendencias del cine realista de Europa y, en mayor medida, del cine independiente, que se caraterizaba por su inconformismo social, su crítica a la burguesía y a la sociedad, y su acercamiento a los seres anónimos de ésta, así como por su sentido del humor.
Ken Loach, al igual que sus antecesores, denuncia los traumas que ocasiona en los seres humanos la vida en las ciudades industriales a pesar de los avances tecnológicos, y con sus historias sacude las conciencias de la sociedad contemporánea con el fin de mejorar sustancialmente las condiciones de la clase trabajadora (poniendo de ejemplo lo que mejor conoce: las injusticias que sufren las clases menos favorecidas en la sociedad británica).
POBRE VACA (1967); KES (1969); FAMILY LIFE (1971); BLACK JACK (1979); MIRADAS Y SONRISAS (1981); AGENDA OCULTA (1990); RIFF-RAFF ((1991); LLOVIENDO PIEDRAS (1993); LADYBIRD, LADYBIRD (1994); TIERRA Y LIBERTAD (1995); LA CANCIÓN DE CARLA (1996); MI NOMBRE ES JOE (1998); PAN Y ROSAS (2000) ...
Como lágrimas en la lluvia
Pesaron mucho los factores adversos, más de lo que puedan imaginar quienes solo acompañan la marcha del Cineclub de forma tangencial: etapas de mínimo apoyo institucional, problemas de tipo técnico (cambio de formato, sonido, calefacción...), dificultosas contrataciones, discrepancias asamblearias, escasa implicación de la mayoría, raquítica militancia (solo en los primerísimos años conseguimos los ochenta socios que nos garantizaban independencia absoluta), choque generacional, berrinches, desánimos... Pero algo poderoso debe emanar esta doctrina esotérica y filosófica, a la que llamamos cine, para que el poder de convocatoria y la curiosidad cultural sigan triunfando por encima de las vicisitudes y los agoreros (entre quienes reconozco haberme hallado en más de una ocasión).
500 películas, cerca de 1.000 proyecciones [hasta la temporada catorce se utilizaron dos días semanales y algunas otras (infantiles y comerciales) se pusieron más veces]. O sea, aproximadamente, se han brindado al pueblo de Jaraíz y a la Comarca de la Vera 2.000 horas (84 días seguidos) de escapismo, de viajes a otros mundos, de excusas para socializar, de aprendizaje y de lecciones de vida que (como firmaría César, gallinerista de pro) permitan conectar nuestros corazones con nuestros cerebros.
En fin, en el fondo y simplificando: argumentos sustanciales, también pasionales, para hablar de otras cosas que no tengan que ver con el fútbol o la metereología.
No es casual que le haya tocado a Ken Loach, con quien iniciamos la marcha, (La Cuadrilla/14 y 15 de Marzo del 2002) ser protagonista de esta conmemoración. Con él compartimos muchas cosas: resistencia, inconformismo, afán de denuncia, timbre despertador... y también fundadas expectativas en que cuanto más abramos los ojos, más difícil les resultará el engaño.
¡Larga vida al Cineclub!

Y me parece a mi
El sistema, experto en camuflaje y neologismos, no reconocerá claramente sus intenciones y se ocultará, como en la historia de Ricky y su familia, tras gloriosas ideas: "créate tu propia empresa, nosotros te ayudamos"; algunos incluso, con emprendedora desfachatez, se autoproclaman "colaborativos".
Soy de los que encaja dolorosamente la carga de verdad de documentos como Sorry We Missed You, igual que el enfermo de cáncer acepta la quimio que, a pesar de todo, mejora sus expectativas de vida. Comprendo que los anti-Ken, y anti-Laverty, no sufran lo más mínimo porque no se creen sus "invenciones". "Eso no pasa", dicen; o "no de manera tan evidente", alumbran algunos críticos, "nos habríamos dado cuenta entre festival y festival, rueda de prensa y lunch, AVE y avión...". Entiendo sus dificultades para empatizar. Pero lo que me parece de un partidismo sospechoso es que algunos le acusan, como si Loach fuera un miembro del Congreso, de "falsear cuentas"; otros, que firman en grandes diarios, se ofenden porque "aún no se ha retirado como anunció en 2014, estando tan próximos ya los 84 años". Tranquilos majetes, ese señor no muerde, solo se expresa.