jueves, 7 de junio de 2018

Película 442 # Año XV

 The Florida Project

Jueves 7 de Junio/2018

Sala Avenida / Jaraíz

21:00 Horas


DIRECTOR

Sean Baker

GUION: Sean Baker, Chris Bergoch

MÚSICA: Lorne Balfe

FOTOGRAFÍA: Alexis Zabé

REPARTO: Brooklynn Prince, Willem Dafoe, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones, Mela Murder ... 

GÉNERO:  Drama | Drama social. Infancia. Pobreza. Crisis económica 2008. Cine independiente USA
 
DURACIÓN: 115 Min.
 
PAÍS: U.S.A. 


SINOPSIS

La película cuenta la historia de Monee, una niña de seis años que vive junto a su madre en "The Magic Castle", un motel de Florida cercano a Disney World. La jovencita pasa la mayor parte de los días de verano sin supervisión alguna vagando por el motel y sus aledaños, cometiendo diferentes tipos de travesuras con sus amigos Scooty y Dicky. Será en una de estas chiquilladas donde la protagonista conocerá a Jancey, residente de "Futureland", un motel que se encuentra a pocos metros del de Monee. Desde el momento en que se conocen entablan una gran amistad que irán cultivando a lo largo de la película. Por su parte, Bobby es el gerente del motel "The Magic Castle" y se dedica a velar por la seguridad de los niños, protegiéndolos en la medida de lo posible de los ambientes nocivos en los cuales se puedan ver envueltos en el motel... 

  Y me parece a mi

¿Quién se cargó la inocencia de Monee?

El adelgazamiento de la ficción en los filmes de Sean Baker convierten sus obras en fragmentos de realidad, eso sí, coloreados con una paleta de tonos pastel que hacen más digeribles las amargas experiencias.
Las historias de su repertorio melancólico, por lo general, vienen contadas por los propios protagonistas o por sus miradas; en este caso los ojos de Monee, una niña de seis años ajena a los problemas de los adultos y a sus desacertadas soluciones.

El director se limita a contar lo que ve. No hace responsables a las víctimas por su situación, tampoco señala culpables (salvo a los muy depravados), da galones imaginarios a la buena gente (gerente del motel) y tiene claro que los niños tienen que jugar; y que, por más irreverentes que parezcan, ellos son quienes están más cerca de la verdad, y hacen bien en pasarse por el forro ciertas normas ridículas de lo que hipócritamente denominamos comportamiento cívico.
Es el espectador quien tiene que entrar en el territorio en que transcurren los hechos y lanzar al aire sus reflexiones: ¿vamos bien?, ¿es el mundo que queremos?, ¿los niños merecen este futuro incierto?, ¿es el capitalismo el menos malo de los sistemas?... No estaría mal que estas preguntas en forma de semilla cayeran a la tierra y que alguna alcanzara el fruto de la respuesta activa.

Sí, nos dice el cineasta de Nueva Jersey, puedes vivir en un país muy rico y ser pobre de solemnidad; tal vez estés rodeado de suntuosos castillos, y clavado en el lodo pestilente del foso hasta la cintura; quizás tus hijos vean desde su habitación alquilada los palacios de Disneyworld, pero nunca saldrán en una foto con Mickey Mouse.

Insisto en que la ternura que es capaz de exprimir este sensible director de las circunstancias más calamitosas le convierten en un auténtico ilusionista. Por eso, y a pesar de todo, sus películas siempre son luminosas.

Jaht