ROUTE IRISH (V.O.S.E)
9 y 10 de Febrero -2012-
Sala Avenida - Jaraíz -
21: 00 Horas
DIRECTOR
Ken Loach
GUION Paul Laverty
REPARTO Mark Womack, Andrea Lowe, John Bishop, Trevor Williams, Talib Rasool, Stephen Lord, Craig Lundberg, Najwa Nimri, Gary Cargill.
MÚSICA Chris Menges
NACIONALIDAD Reino Unido
GÉNERO Drama. Thriller | Guerra de Iraq
MÚSICA George Fenton
DURACIÓN 109 Min.
SINOPSIS
"Route Irish" es el nombre del peligroso camino que une el aeropuerto de Bagdad con la zona internacional de la ciudad. Estudio de las secuelas de la guerra en dos soldados británicos que se enamoran de la misma mujer y se desplazan a Irak para trabajar como contratistas privados. Cuando uno de ellos, Fergus (Mark Womack), regresa a su tierra natal, experimentará profundos sentimientos de tristeza y amargura, agravados por la muerte de un colega y amigo.
Y ME PARECE A MI
La Ruta Irlandesa era una de las carreteras más peligrosas del mundo, unía el aeropuerto de Bagdad con el centro de la ciudad: destruida y en construcción, arruinada y emergente, miserable y vivero de grandes negocios. Los enemigos podían ser de origen indeterminado y la muerte, que no sabe de ideologías, podía estar tanto al servicio de los turbantes como de las corbatas y viajar en oxidados Kalashnikovs o en delicados maletines de auténtica ternera de Yorkshire.
Ken Loach intenta, una vez más, explicar lo que se oculta bajo el envoltorio de plexiglás en el que, supuestamente, van envueltos los paquetitos de libertad y democracia con los que Occidente salva a las pobres víctimas de los tiranos locales. Resulta que nada más desanudar el lacito, caen al suelo millones de dólares y libras esterlinas que no sirven para curar heridas, ni para dar una rebanada de pan con Nocilla a un niño hambriento..... ¡No hay más que dinero!; ni un juguete, ni una inyección de morfina.... Dinero para comprar un país, petróleo incluido; dinero para pagar a los perros de la guerra (mercenarios), que se encargarán de mantener a raya a los molestos y famélicos aborígenes, que no acaban de entender en qué consiste su salvación.
La maquinaria de guerra suele ser muy efectiva y la propagandística mentira consigue hacernos creer que el uso del dinero público, transformado en misiles y tanques, es tan solo una rentable inversión a medio plazo; no obstante, de cuando en cuando, hay que eliminar alguna pieza defectuosa que ha dejado de hacer su labor mecánica y puede que se haya convertido en una amenaza para el buen funcionamiento del monstruo biónico. En la ficción de Ken Loach, con guión de Paul Laverty, una de estas herramientas inservibles resulta ser el amigo de Fergus, ex-contratista privado, que se repone en el Reino Unido de un atracón de servicios prestados a la causa última de la invasión: la obtención del máximo de riqueza para las multinacionales.
A estas alturas, ¿alguien puede dudar de los verdaderos objetivos de los "nuestros" en Irak?. Todo es tan elemental que hasta esta película podría resultar obvia y la denuncia innecesaria, por infantil; pues bien, seguirán acusando al director británico de manipulador al servicio de intereses estalinistas y algunos dirán amén mientras comulgan una colosal rueda de molino.
Ken Loach intenta, una vez más, explicar lo que se oculta bajo el envoltorio de plexiglás en el que, supuestamente, van envueltos los paquetitos de libertad y democracia con los que Occidente salva a las pobres víctimas de los tiranos locales. Resulta que nada más desanudar el lacito, caen al suelo millones de dólares y libras esterlinas que no sirven para curar heridas, ni para dar una rebanada de pan con Nocilla a un niño hambriento..... ¡No hay más que dinero!; ni un juguete, ni una inyección de morfina.... Dinero para comprar un país, petróleo incluido; dinero para pagar a los perros de la guerra (mercenarios), que se encargarán de mantener a raya a los molestos y famélicos aborígenes, que no acaban de entender en qué consiste su salvación.
La maquinaria de guerra suele ser muy efectiva y la propagandística mentira consigue hacernos creer que el uso del dinero público, transformado en misiles y tanques, es tan solo una rentable inversión a medio plazo; no obstante, de cuando en cuando, hay que eliminar alguna pieza defectuosa que ha dejado de hacer su labor mecánica y puede que se haya convertido en una amenaza para el buen funcionamiento del monstruo biónico. En la ficción de Ken Loach, con guión de Paul Laverty, una de estas herramientas inservibles resulta ser el amigo de Fergus, ex-contratista privado, que se repone en el Reino Unido de un atracón de servicios prestados a la causa última de la invasión: la obtención del máximo de riqueza para las multinacionales.
A estas alturas, ¿alguien puede dudar de los verdaderos objetivos de los "nuestros" en Irak?. Todo es tan elemental que hasta esta película podría resultar obvia y la denuncia innecesaria, por infantil; pues bien, seguirán acusando al director británico de manipulador al servicio de intereses estalinistas y algunos dirán amén mientras comulgan una colosal rueda de molino.
Jaht


















